Álvaro Pombo en estado puro

Mañana en librerías, la obra ganadora del Premio Nadal de Novela 2012. Con una escritura tensa, vibrante, que deslumbra tanto por los hallazgos plásticos como por la indagación filosófica, El temblor del héroe es a la vez un acto de fe en la literatura como territorio donde plantear los grandes asuntos: la confianza y la traición, la posibilidad de arrepentimiento, la culpa, la cobardía, el valor, el sentido de la existencia. Álvaro Pombo en estado puro.

Un Pombo que Domingo Ródenas define hoy en El Periódico de Catalunya como “incontestable”. “Hacía unos cuantos años que el premio Nadal no distinguía una novela de calidad literaria tan rotunda, de tan inusitada hondura y belleza como ésta”, afirma el periodista.

Mañana, jueves 2 de febrero,  a las 19.30h,  tendrá lugar la presentación de la obra a cargo de José Antonio Marina en el Centro Cultural Círculo de Lectores (O’Donnell, 19) de Madrid. ¡Nos encantaría verte por ahí!

Álvaro Pombo en estado puro

Copyright Xavier Torres

Ni medias verdades ni mentiras piadosas, así es Álvaro Pombo (Santander, 1939), un rara avis en el panorama narrativo español que defiende tanto su libertad creativa como de pensamiento. Con su voz, personal y única, Pombo ha logrado despertar la mente de los lectores y atraparles en su universo, un mundo rico en el que prima lo que él llama la poética del bien que inauguró en 1990 con El metro de platino iridiado (Premio dela Crítica, 1990).

Acróbata de las palabras, filósofo empedernido (estudió Filosofía y Letras en la Universidad Complutensede Madrid), de cultura renacentista, la patria de Pombo es el lenguaje y su máxima es la libertad. Activo, excesivo a veces, habla con pasión de las cosas que le interesan (que son muchas) en conversaciones salpicadas de citas de filósofos y poetas que ama. Acentúa sus explicaciones con rápidos movimientos de su mentón, inventa palabras que acaban en sus novelas, y hace con el lenguaje un ejercicio de contorsionista. Pombo es un antídoto contra el aburrimiento.

En su primera obra narrativa, Relatos sobre la falta de sustancia (1977), ya aparecen los temas que marcarán su trayectoria, la investigación psicológica y la preocupación filosófica, que llevan a un método literario que el autor bautizó como psicología-ficción. “Fui pionero en hablar de la falta de sustancia”, antes que Milan Kundera y Zygmunt Bauman, recuerda Pombo, que aborda este tema en El temblor del héroe.

Su discurso, como sus novelas, es ágil, rápido, interpela, descoloca a su interlocutor. Es travieso como uno de sus personajes preferidos, el Guillermo Brown de las historietas de Richmal Crompton, puro movimiento. Quizás por ello recuerde siempre la frase de Nietzsche: “Todos los pensamientos fértiles y poderosos surgen cuando se está en acción”. También quizás por este motivo Pombo haya sido uno de los primeros ciclistas urbanos que tuvo Madrid, o tenga en su caótico ático de Argüelles, en Madrid, una habitación destinada a gimnasio, “con espalderas profesionales”. Afirma que cuando camina, imagina versos, y es hombre de terrazas al aire libre, más que de sofás de salón.

De ahí surge el Pombo activista “que no político”, el polemista que se declara pre-gay (lo acuñó Eduardo Mendicutti) poco convencido de que deba usarse la palabra matrimonio en las uniones entre homosexuales (cuenta sus cuitas en Contra natura, Anagrama, 2005), denuncia la paralización intelectual de España y culpa a la política de un discurso monótono y lleno de tópicos. El autor de El héroe de las mansardas de Mansard (Premio Herralde de Novela en 1983) huye de las etiquetas, defiende su libertad individual ganada a pulso y se muestra en total desacuerdo con la vulgaridad. Pombo es ese despertador que irrumpe en nuestro subconsciente a  las seis de la mañana y nos obliga a replantearnos nuestras certidumbres ya desde sus primeros Relatos sobre la falta de sustancia hasta su crítica al cristianismo a partir de las cruzadas, en La cuadratura del círculo (1999), pasando por sus posicionamientos respecto al mundo homosexual de hoy de Contra Natura.

El autor es un “explorador del interior del mundo”, según sus palabras, al que le gusta inventarse nuevos retos como demostró en 2009 con su primera novela de aventuras con trasfondo filosófico La previa muerte del lugarteniente Aloof (Anagrama), o con su obra poética, que seguirá haciendo “por los siglos de los siglos”: Variaciones (1977, Premio de Poesía El Bardo), que se incluye en Protocolos (1973-2003) y su reciente volumen Los enunciados protocolarios.

Pombo critica una sociedad instalada en la “filosofía del inacabamiento, del deslizarse”, que encarna Bernardo, uno de los personajes de El temblor del héroe, y que el propio autor combate a través de su narrativa y también con su militancia política en Unión, Democracia y Progreso (fue cabeza de lista en Madrid para el Senado en las elecciones de 2008 y 2011), en su trabajo como voluntario en Proyecto Hombre, o en el blog que le dedicó al presidente de EE UU, Barack Obama. El mismo activismo despliega desde su sillón j dela Real Academia Española, que ocupa desde 2004. “Es nuestra obligación aprender, apuntarse al carro, con alegría y humildad”, defendía Pombo en una entrevista.

Aunque admite sentirse solo en esta cruzada, el autor afirma que “hay que salir a la calle, agilizar, remover”. Un posicionamiento que lo llevó en los años 60 a exiliarse durante más de una década en Londres, donde descubrió las virtudes de ser telefonista con labores de archivero en el Banco Urquijo, y cierta filiación con la literatura y el mundo anglosajones que no ha abandonado nunca (en una de las estanterías de su ático de Madrid luce la joya de la corona, los tomos de una Enciclopedia Británica de 1912 heredada de su abuelo).

Tras regresar en 1977 a España, poco quedaba ya del niño retraído y tímido que pasaba las tardes de merienda junto a las mujeres de su familia, en aquel Santander de las buenas familias en los años 40. Unas veladas que le sirvieron de material literario años después en libros como El héroe de las mansardas de Mansard, la historia de un niño, Kuskus, en un mundo de mayores, Donde las mujeres, El cielo raso o la La fortuna de Matilda Turpin (Premio Planeta 2006). Como también le sirven de material literario los cientos de recortes de periódicos que tiene distribuidos Pombo por todo su piso, colgados de las lámparas, por ejemplo, con pinzas de tender. O las series de televisión que le han “enganchado”: Los soprano, A dos metros bajo tierra, El lado Oeste de la Casa Blanca o Perdidos, a pesar de que reconoce que, como muchos otros, acabó perdiéndose en la trama. “Siempre estoy aprendiendo cosas”.

De su infancia, Pombo mantiene la pasión por lo oral, “yo no escribo”, y cierta necesidad de soledad (“siempre he sido muy solitario, poco sociable”). Y es que el autor prescinde, dice, de proceso de escritura, y eso se traduce en que dicta sus libros, como su admirado Henry James. Aunque en su casa madrileña algunos muebles luzcan un ordenador de mesa y un portátil, y en el sofá de tres plazas duerma una máquina de escribir que cambia de ubicación en función de las necesidades del momento, Pombo se fía sólo de lo que dice y de lo que oye. Desde su sala/comedor/dormitorio de Argüelles dicta sus textos, los lee en voz alta, los reescribe, los relee, y así hasta el infinito. Los mima como a las orquídeas que presiden su pasillo soleado. “La oralidad le sienta de cine al relato”, afirma quien reconoce tener labia desde niño, “cuando me mandaban a entretener a las visitas”. De cuando era Kuskus y se empapó en su niñez de los relatos familiares de su madre, su abuela, su tía…

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