Un verano que encerrará toda una vida

Áurea es una chica de 14 años, madrileña de origen manchego, que va a pasar el verano a casa de unos familiares lejanos en un pueblecito de la costa Brava. El contraste entre los esfuerzos inútiles de su madre por sacudirse de encima la catetez, que la hacen caer en el ridículo, y el aire aparentemente desenfadado, abierto y culto de sus primos ricos compondrán el germen de un malestar que hará que su vida cambie de rumbo.

Años después, Áurea se enfrenta a algunos de los actores de aquellos tiempos y desentraña algunas respuestas a las preguntas que se ha hecho durante todo ese tiempo. Preguntas acerca de un verano rico en acontecimientos y en el que, junto a la primera visión del mar, Áurea conocerá también el arte, la belleza, el estilo, la elegancia y la cultura. Una vida verdadera que sin embargo esconderá también mentira, hipocresía, fingimiento y decepción, y que encerrará la clave de un secreto.

Melódica y persuasiva, Los otros son más felices es una crónica dialogada de la vida familiar de los setenta. Por un lado, están los Soley, burgueses catalanes, y por otro los Moreno, una tradicional familia castellana emigrada a Madrid. Laura Freixas desgrana ambos mundos a través de los ojos de Áurea, una joven símbolo de la generación española nacida en los aperturistas años sesenta, crecida en los cambiantes y convulsos setenta y madurada en la libertad de los locos ochenta.

Como dice aquella expresión anglosajona: “El césped siempre crece más verde en el jardín del vecino”. ¿Realmente los otros son o sólo parecen más felices?

Puede ser que algunos lo sean, pero en general, sólo nos lo parecen. Y nos lo parecen porque no les vemos como son, sino que los usamos como una pantalla en la que proyectamos nuestros propios sueños. Los construimos atribuyéndoles todo aquello que a nosotros nos falta.

Esta también es una novela que reflexiona sobre el recuerdo, o sobre el modo particular en que recordamos. A veces, en la memoria conviven realidad y ficción sin que sepamos muy bien donde están los límites. Áurea tiene un imborrable y quizá algo idealizado –por ejemplo, su enamoramiento con Marina- recuerdo de su verano con los Soley. ¿Su recuerdo está pintado, en parte, por el deseo de lo que habría podido ser, del deseo?

Lo que es imposible de separar es la realidad (en este caso, quiénes, cómo son los otros, o cómo se4 desarrolló un verano de la adolescencia) de lo que esa realidad significa para nosotros. Y ese significado va variando con el tiempo, según las preocupaciones o aspiraciones que tenemos en cada momento. Doris Lessing lo expresa con una metáfora preciosa: la vida es un ascenso hacia una cima, y a medida que vamos ascendiendo, cambia nuestra visión de la cima, pero también nuestra visión de lo que está abajo, o sea, del pasado.

En la novela, los Soley y los Moreno muestran no sólo las famosas Dos Españas sino dos formas distintas de afrontar la vida. Por ello, ambientó gran parte de la novela en los setenta, cuando la protagonista viaja a la Costa Brava, época convulsa de cambios y aperturismo en nuestro país…

Es verdad que los Soley y los Moreno representan dos Españas, aunque no son exactamente las de Machado. Por ejemplo, la familia Moreno es franquista, pero lo es sin mucho ahínco, es de clase baja, no es especialmente católica… y los Soley son gente liberal y vagamente progre, pero no antifranquistas militantes… Una de las cosas que he intentado en esta novela ha sido huir de los tópicos, trátese del tema político o del personaje del artista. Y, sí, hablo de una etapa especialmente interesante de la historia de España: la aparente inmvoilidad de un franquismo que en realidad estaba a punto de derrumbarse, la euforia y la libertad de los años siguientes, pero también la sensación de desorientación, de “¿ahora qué?”; y de la “cultura del pelotazo” que vino después (aquí reflejada en la carrera de una joven artista) y de cómo se deshinchó a su vez.

Sin embargo, un punto en común entre ambas familias son las hipocresías, los secretos, el miedo al qué dirán, etc…

En efecto. No era mi intención en un primer momento, pero a medida que escribía me fui dando cuenta de que la visión heroica de sí mismos que tienen los unos y los otros, tanto los del “franquismo sociológico” como los herederos de los republicanos, y otros personajes (la chica que consigue un temprano éxito artístico, por ejemplo) esconden bastantes cosas turbias.

Áurea, la protagonista, despierta a la vida y al mundo adulto en La Tramuntana junto a los Soley. ¿Siente esta novela como un relato de iniciación?

Sí, desde luego. Es un “retrato de la artista adolescente”, parafraseando a Joyce; y también ha habido quien la ha comparado con Nada, de Carmen Laforet, comparación que naturalmente me honra mucho.

¿Por qué eligió esta crónica dialogada –la novela se articula a través de una conversación entre la protagonista y una interlocutora a la que nunca oímos- para la novela? ¿Qué le permite, narrativamente hablando, este recurso?

El diálogo me parece el marco natural para una reflexión, que la escucha inteligente y los ocasionales comentarios de la interlocutora (que no se oyen, pero sí quedan reflejados a través de las respuestas de la narradora) ayudan a profundizar. Además, este recurso implica a la lectora o lector (que se coloca en la posición del personaje que escucha). Por último, era una manera de resolver algo que me preocupa siempre en las novelas: tiene que haber intriga, para facilitar la lectura –es una cortesía hacia la/el lector(a-, pero yo no quiero recurrir a acontecimientos extraordinarios, a asesinatos, espionajes… Busco mecanismos eficaces pero discretos. Y uno que se me ocurrió fue el de mantener en la duda, hasta la mitad de la novela, la identidad de esa persona que escucha.

Los otros son más felices es una novela plástica, melódica… para leer con todos los sentidos. ¿Debe la literatura ser aprehendida por la razón y los sentidos? ¿Son excluyentes?

La literatura tiene que pasar por los sentidos, debe tener (como le repito incansablemente a mis alumnas/os en los talleres) olor, color, sabor… Las ideas, el pensamiento, también están, pero deben quedar entre líneas.

Laura Freixas (Barcelona, 1958) estudió en el Liceo Francés de su ciudad. Se licenció en Derecho en 1980, pero se ha dedicado siempre a la escritura. Se dio a conocer en 1988 con una colección de relatos, El asesino en la muñeca. En 1997 publicó su primera novela, Último domingo en Londres, a la que seguirían Entre amigas (1998) y Amor o lo que sea (2005). Ha publicado también otro libro de relatos (Cuentos a los cuarenta, 2001) y una autobiografía: Adolescencia en Barcelona hacia 1970 (2007).  Paralelamente a su obra narrativa, la autora ha desarrollado una intensa labor como estudiosa y promotora de la literatura escrita por mujeres.

En 1996 coordinó y prologó una antología de relatos de autoras españolas contemporáneas, Madres e hijas. En 2009 vio la luz otra antología de parecidas características, Cuentos de amigas, así como la obra La novela femenil y sus lectrices (Premio Leonor de Guzmán). Ha sido editora, crítica literaria y traductora, colabora regularmente en distintos medios y revistas culturales e imparte talleres literarios en diversas instituciones. Laura Freixas forma parte del Parlamento Cultural Europeo y preside la asociación Clásicas y Modernas para la igualdad de género en la cultura.

 

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