Entrevista a Enrique Vila-Matas: “Se sabe que se ha fracasado cuando uno se siente perfecto”

Enrique Vila-Matas es uno de los escritores más respetados de nuestro país. Ha conseguido seducir, y no es fácil, a lectores y críticos desde hace varias décadas. Su último libro, Aire de Dylan, es un homenaje al mundo del teatro y una divertida e implacable crítica del postmodernismo, contada a través de la relación de un padre y un hijo.

Dos personajes contrapuestos en Aire de Dylan, uno vivo y otro muerto. Dos visiones literarias y del mundo distintas ¿Con cuál de los dos se identifica? Si es que se identifica con alguno, claro…

¿Se refiere a los personajes del padre (Lancastre, el escritor muerto) y del hijo, que físicamente se parece a Dylan?  Si he de elegir, prefiero el vivo. ¿O se refiere a los personajes de Lancastre (escritor de Barcelona, ya muerto) y el narrador (escritor de Barcelona, aún vivo)? En este caso, elijo al muerto, ya que es mejor escritor.

Sobre Lancastre, Vilnius dice “Al igual que Dylan mi padre fue un raro”, y él mismo es conocido como el pequeño Dylan.  ¿Y usted? ¿Hay algo de ese “aire” en Vila-Matas?

Lo dudo mucho.

¿Es el resultado  del choque entre ambos lo que se ha dado a llamar “postmodernidad”?

No. Uno –el padre- ha sido un postmoderno y, por tanto, se ríe de todo lo que respira “autenticidad”, mientras que el hijo no quiere ser postmoderno y sí, en cambio, auténtico.

La idea del “fracaso” atraviesa toda la novela…

Sólo porque al inicio del libro cuento que al narrador le invitan a un congreso sobre el fracaso que va a tener lugar en San Gallen (Suiza). Mucha gente ha creído que eso lo había inventado, pero eso me sucedió de verdad en la vida real.

¿Y cuándo se sabe que se ha fracasado?

Cuando uno se siente perfecto, cuando uno se siente mejor imposible; es decir, cuando nos damos cuenta de que ya no es necesario que luchemos por esa vulgaridad que es el éxito.

¿Es más interesante escribir sobre los que “no logran”, que sobre los que sí lo hacen?

No, ambos son muy interesantes.

Usted mismo dice sobre esta novela que “es mi obra más desequilibrada y libre”. ¿Por qué?

Porque escribí con una libertad absoluta, literalmente dejándome llevar, narrando casi involuntariamente una historia que anidaba hacía años en mí.

¿Escuchaba música de Dylan mientras escribía la novela?

Sí, pero escuchaba sobre todo la voz de Scott Fitzgerald, “el gran fracasado”.

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