La poesía y Pablo Neruda

«Me gustas cuando callas porque estas como ausente y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca».

Hasta el más recalcitrante contrario a la poesía recordará estos versos contenidos en Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Son palabras que surgieron de la pluma de  Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, quien tomó prestado de un poeta checo el nombre de Neruda para convertirse en una de las referencias ineludibles de la poesía del siglo XX.

Cuenta el escritor y periodista Manuel Vicent en un artículo publicado en El País que, cierto día de gran temporal, Pablo Neruda desde una ventana de Isla Negra, su casa en la costa, cerca de Santiago de Chile, vio un tablón, resto de un naufragio, y que el oleaje sacudía furiosamente. Neruda le dijo a su mujer: «Matilde, el océano le trae la mesa al poeta. Vete por ella».  Y Matilde se echó vestida al agua y, aún poniendo en riesgo su vida, consiguió llevarle a su marido ese trozo de madera de barco, que se convirtió en la mesa del poeta, efectivamente. Neruda tenía tendencia a acumular todo tipo de objetos que conseguía, la mayor parte, en sus viajes: caracolas, mascarones de proa, botellas de colores, mariposas, diablos, máscaras, espuelas, conchas marinas…

Pablo Neruda había nacido en Parral, Chile, un 12 de julio de 1904.  Su madre murió solo un mes más tarde de darle a luz. El padre del futuro poeta, un empleado ferroviario, se instaló, tras el fallecimiento de su esposa en la localidad de Temunco. Allí fue donde un joven Neruda cursó sus primeros estudios. Y allí sería también donde conocería a otra de las grandes voces de la poesía chilena, Gabriela Mistral, la persona que le introduciría por primera vez en el mundo de la poesía. A los dieciséis años, Neruda se trasladó a la capital, Santiago, donde publicó sus primeros poemas en la revista Claridad.

¿Por qué decidió empezar a firmar con seudónimo? Simple: para evitar un enfado mayúsculo de su padre, que no veía con muy buenos ojos eso de tener un hijo poeta. Él mismo Neruda diría: «Una vez leí un cuento de Jan Neruda que me impresionó muchísimo. Cuando tuve necesidad de un seudónimo, recordé aquel escritor desconocido por todos. Como un homenaje y para protegerme de las iras de mi padre, firmé Pablo Neruda. Después el nombre siguió conmigo».

Después de publicar algunos libros de poemas, la fama internacional le llegaría con Veinte poemas de amor y una canción desesperada, obra que, junto con Tentativa del hombre infinito, distingue la primera etapa de su producción poética.

Los problemas económicos indujeron a Pablo Neruda a emprender, en 1926, la carrera consular que le llevó a residir en Birmania, Ceilán, Java, Singapur y, entre 1934 y 1938, en España, donde se relacionó con García Lorca, Aleixandre, Gerardo Diego y otros componentes de la Generación del 27, y fundó la revista Caballo Verde para la Poesía. Desde estas páginas, Neruda reclamó una «poesía sin pureza» y próxima a la realidad inmediata, en consonancia con su toma de conciencia social y su compromiso con la izquierda.

De regreso en Chile, en 1939 Neruda pasa a formar parte del Partido Comunista y su obra experimentó un giro hacia la militancia política cuya máxima expresión se encuentra en la exaltación de los mitos americanos de su Canto general. Obra, que por cierto, siempre llevaba encima Ernesto Che Guevara allá donde fuera.

En 1945 se convierte en el primer poeta en ser galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Chile. Este reconocimiento le llegó mientras ocupaba su escaño de senador en el parlamento de su país. El clima político en Chile de los años siguientes, con la prohibición del Partido Comunista, le supuso la persecución gubernamental y un obligado exilio en Argentina. De allí pasó a México, y más tarde viajó por la URSS, China y los países de Europa Oriental. No sería hasta 1952, cuando Neruda pudo regresar a su país natal.

En 1971 el mundo entero se rinde ante Neruda. El más importante premio al que puede aspirar un escritor le es concedido, el Nobel de Literatura. Un año antes, el poeta había renunciado a ser candidato a la presidencia chilena a favor de salvador Allende, quien tras su victoria electoral, le nombró embajador en París. Poco tiempo después el poeta cayó gravemente enfermo. De vuelta a Chile, el poeta Solo dos años después, un 23 de septiembre de 1973, tan solo diez días después del golpe de Estado de Pinochet, su corazón se paraba definitivamente. Los militares asaltaron su casa de isla Negra, desde donde él había compuesto algunos de los mejores versos que jamás se hayan escrito.

Tras su fallecimiento, salieron a la luz varias obras que el poeta había dejado sin publicar como por ejemplo, Confieso que he vivido —que recoge las memorias del poeta, sus impresiones hasta casi el mismo momento de su muerte—, Cuadernos de Temuco o Para nacer he nacido. La obra de Neruda es un ejemplo de ingenio y habilidad literaria a partes iguales. Iluminó con sus palabras una parte imprescindible de los seres humanos, las emociones.

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One Response to “La poesía y Pablo Neruda”

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