El principio de Dilbert

O cómo prosperar en el siglo XXI gracias a la estupidez

¿La estupidez humana es infinita? Para Scott Adams sin duda. Tal fue en un momento dado su asombro ante la involución de la especie, que decidió dejar su trabajo en una multinacional y lanzarse a dibujar viñetas de oficina, protagonizadas por un empanado técnico informático de una gran empresa estadounidense llamado Dilbert.

Durante la década de los noventa, la tira cómica del Wall Street Journal terminó por acuñar uno de los más celebres principios empresariales: “Los trabajadores más ineficientes son trasladados sistemáticamente allí donde pueden causar menos daño, la dirección de la empresa”; y millones de mortales trabajadores de todo el mundo respiraron tranquilos: “Mi empresa no es la única…”.

La editorial BackList recupera las mejores viñetas del dibujante en un libro que seguro está en la mesilla de noche de los guionistas de The Office. A través del humor más desternillante y de ejemplos reales (sin nombres para no ofender), Scott repasa estrategias empresariales, planes de recursos humanos, así como técnicas para sobrevivir en la vorágine del día a día desde el parapeto de nuestro cubículo. Y si al final, no encontramos herramientas para hacer crecer nuestra carrera, al menos habremos reído a carcajadas durante un par de horas.

 

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