“La edad de la ira es una suma de vidas”

El instituto  como escenario literario

 

Fernando J. López lleva años dedicado a la literatura clandestinamente, cuando terminan sus clases. Profesor de secundaria, conoce el día a día de las aulas y no ha dudado de plasmar esta realidad, sin tapujos ni prejuicios, en una adictiva novela que reflexiona sobre la enseñanza y la educación en nuestro país.

Publicó su primera novela con apenas 20 años. Esto es ser precoz…

Publicar, supongo que fue una consecuencia natural de mi pasión por la literatura. Mi primera novela, In(h)armónicos, se publicó cuando solo tenía 20 años y, desde entonces, me había centrado más en la creación de textos teatrales, donde también he publicado diversos títulos. Con mi segunda novela, La inmortalidad del cangrejo, que espero que vea la luz en un futuro próximo, quedé finalista en un par de certámenes importantes, pero no fue hasta La edad de la ira cuando sentí con fuerza la necesidad de volver a publicar, quizá porque sus temas -la educación, la violencia, la intolerancia, la homofobia…- me llevan a implicarme intensamente en ellos. En ese sentido, creo firmemente en el poder de la literatura para, si no cambiar la realidad, sí obligarnos a reflexionar sobre ella.

¿Pensó en tirar la toalla alguna vez?

Escribir para mí es y ha sido siempre una forma de vida. No puedo concebir mi día a día sin la literatura, de modo que tirar la toalla jamás ha sido una opción. Además, en cuanto empecé a escribir La edad de la ira supe que esa novela tenía que ver la luz, que era necesario que se hablase de ciertos temas desde una perspectiva adulta y desprejuiciada, por lo que no tardé en buscar una editorial a la que pudiera interesarle este texto. Lo más curioso es que, de pronto, la novela parecía tener vida propia y empezó a llamar la atención de uno de nuestros más prestigios certámenes literarios -resultó tercera finalista en el Premio Nadal 2010- y de diversas editoriales. Finalmente, fue Espasa quien apostó con más fuerza y, desde el primer momento, he sentido un enorme respaldo por su parte en todos los sentidos.

¿Qué feed-back ha recibido por parte de los lectores? Es usted muy activo en redes sociales e internet.

Sin duda, me quedo con los comentarios y reflexiones que me llegan de todo tipo de formas y maneras, desde amigos que ya se la han leído, hasta lectores a quienes no conozco y que contactan conmigo vía Twitter o Facebook, a través del blog o de la página de la novela. Resulta gratificante oír cómo les ha intrigado la historia y hasta qué punto se han sentido interpelados por cuanto allí ocurre: padres, profesores, psicólogos, adolescentes…

Dejó el teatro y se pasó a la novela. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Son dos lenguajes muy diferentes entre sí, pero en mi caso, mi experiencia teatral me ha servido para trabajar mucho en dos frentes: la creación de caracteres y el diálogo. Además, La edad de la ira también posee influencias de otro de mis géneros narrativos predilectos, el cine, de modo que confío en que los lectores se sorprendan por el ritmo de la trama.

La edad de la ira es una novela sobre adolescentes, pero ¿es para adolescentes? ¿Cree que sus alumnos se ven reflejados en ella?

La edad de la ira es una novela para adultos, pero puede ser leída por cualquier lector de más de 16 años. No es un libro específicamente para adolescentes, pero muchos de mis alumnos de Bachillerato la han devorado en apenas tres días y todos coinciden en que les “ha enganchado”. Pero en La edad de la ira no solo hay adolescentes, sino que vemos su mundo a través de las vidas de los adultos que los rodean: sus padres, sus profesores… En realidad, la novela es una suma de vidas que confluyen todas en el mismo punto: un instituto, donde la intersección de esas vivencias y circunstancias acaba provocando estallidos difícilmente controlables. Creo que, en este sentido, se trata de una de las primeras novelas españolas que aborda, sin tópicos, el día a día real en las aulas, desvelando -con toda claridad y sin ningún tapujo- cómo funciona de verdad un centro escolar en pleno siglo XXI.

Las estadísticas muestran que los niños y primeros adolescentes son los más lectores, pero después los índices de lectura caen en picado. ¿Cómo incentivaría la lectura entre los jóvenes, más allá de los fenómenos Potter, Meyer o Moccia?

Creo que los planes de estudio no favorecen, en absoluto, el fomento de la lectura. Se obliga a los adolescentes a enfrentarse a obras clásicas para las que no están preparados y que, sobre todo, no guardan relación alguna con su realidad. Pretender que en 1º de Bachillerato -con dieciséis años- se lean íntegros El Quijote y La Celestina es un método infalible para que odien ambos títulos, negándoles así la posibilidad de que lleguen a amarlos como las dos obras inmortales que son. Tenemos que plantear el estudio de la historia de la literatura de un modo diferente al canónico. Por otro lado, los temarios continúan obviando el último tercio del siglo XX -y no digamos ya el inicio del siglo XXI-, de modo que para nuestros adolescentes, la literatura actual española acaba, aproximadamente, en 1936 o, como mucho, en la novela de la posguerra. Personalmente, creo que sí es posible acercarles a la lectura, solo hay que buscar títulos adecuados para ello, contagiarles de la pasión de quienes amamos los libros y demostrarles todo cuanto pueden encontrar en ellos. Como afirma una de las adolescentes que protagonizan la novela, no solo les interesan las historias de vampiros o de brujos y magos, tienen muchos más intereses e inquietudes, solo es preciso acercarse a ellos y dejarles que los expresen.

Esta entrada fue publicada en Ficción y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Comments are closed.

Para dejar un comentario tienes que validarte en la parte superior o registrarte en Planetadelibros.com