No nos equivocamos

Una traza hipotética del bosón de Higgs en una colisión protón-protón simulada. Lucas Taylor

Joaquín Arias, editor de Crítica, explica en pocas líneas qué es eso del Bosón de Higgs, el Gran Colisionador de Hadrones y la Física Cuántica.

Uno de los objetivos del CERN cuando construyó el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) era comprobar la validez del llamado modelo estándar por el que se ha regido la Física cuántica o Física de partículas desde sus comienzos en el siglo XIX. La puesta en funcionamiento de este acelerador de partículas de gran potencia tenía por objetivo demostrar la hipótesis que planteaba que tras los choques de dos haces de protones se formaría una partícula de masa, conocida como el bosón de Higgs. Esta partícula fue denominada por el premio Nobel de Física Sheldon Lee Glashow como “la partícula de Dios”, ya que explicaría en gran medida el origen de la creación de la materia, mientras que un escéptico Stephen Hawking, por su parte, aseguraba que nunca se encontraría.

El bosón de Higgs es la piedra angular sobre la que se ha cimentado la Física desde 1964. El concepto fue desarrollado por el físico británico Peter Ware Higgs, uno de los grandes impulsores de la creación del LHC y que ha podido vivir, para su sorpresa, la constatación de su teoría. Este profesor escocés de la Universidad de Edimburgo desarrolló en 1964 un método que incrementaba la masa de las partículas subatómicas (bosones vectoriales) mediante la rotura espontánea de su simetría. A partir de ahí, planteó la existencia del bosón de Higgs, una partícula subatómica elemental que —ahora lo sabemos con certeza— existe y se forma a partir de la energía generada por un choque de gran magnitud entre partículas.

El hallazgo del CERN aún no puede valorarse en toda su magnitud, pero supone un paso más en la confirmación de la teoría de la gran unificación, que pretende descubrir las conexiones existentes entre tres de las cuatro fuerzas conocidas (dejando a un lado la gravedad). La constatación de la existencia del bosón de Higgs confirma que las teorías que han regido la Física durante los últimos años eran acertadas y proporcionan un nuevo impulso para los científicos que desde ahora pueden decir con alivio: “OK, chicos, no nos equivocamos. ¡Estamos en el buen camino!”.

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