¿Qué es una Constitución? de Ferdinand Lassalle

Este 2012 se celebra el bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812, más conocida como La Pepa. Para conmemorar y entender esta efeméride, Ariel recupera el clásico ¿Qué es una constitución? del político y pensador alemán Ferdinand Lassalle. Hoy compartimos con vosotros un extracto del epílogo de Alejandro Nieto.

“Las dos conferencias de Ferdinand Lassalle que contiene este librito se pronunciaron y publicaron en Berlín en 1862, hace justo 150 años. La presente edición —que recoge la excelente traducción de Wenceslao Roces de 1931— viene a significar, por tanto, un homenaje jubilar a un político malogrado (puesto que murió en el «campo del honor» defendiendo el de una dama y el suyo) y a una obra que conserva íntegramente su actualidad y el valor polémico del primer día. Muchos son lassalleanos sin saberlo y sus enemigos declarados no acostumbran a combatirle de frente sino que prefieren silenciarle. La Editorial Ariel, consciente de la importancia de esta obra, la sacó a la luz en 1976 para ilustración de los nuevos demócratas españoles y nuevamente en 1984, cuando nuestra Constitución de 1978 había alcanzado ya su velocidad de crucero, con unas brillantes páginas preliminares de Elíseo Aja, que tan distintas son de las modestas que ahora me ha correspondido firmar a mí.  [...]

En el año 2012 podemos percatarnos de que el mensaje de Lassalle no es el simple testimonio de un demócrata (socialista) prusiano que se revolvió, inútilmente por cierto, contra la hipocresía del monarca y del capitalismo, que con su seudoconstitucionalismo estaban engañando a un pueblo todavía inmaduro políticamente, sino una llamada (todavía válida con la misma fuerza que en 1862) al sentido común y a la sinceridad.

Tal como veo yo las cosas, la obra de nuestro prusiano es, en efecto, una inequívoca expresión de la lucha entre la sinceridad y la hipocresía, entre el sentido común y los arabescos jurídicos, entre el pensamiento popular y la erudición académica. Todo ello cifrado en la contraposición entre unas hojas de papel (que los dominantes llaman abusivamente constituciones) y las verdaderas constituciones (las reales y efectivas). Con la consecuencia de que “los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho sino de poder puesto que la verdadera constitución de un país sólo reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rigen, y las constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social”.

Esto lo sabe cualquiera. Todos ven al rey desnudo, pero muy pocos se atreven a reconocerlo y menos son aún quienes lo dicen en voz alta, porque indefectiblemente son marginados y silenciados en lo posible. Confesar lo que se ve y se toca es un pecado gravísimo de impertinencia política. Para participar en la vida pública hay que respetar ciertas reglas de juego y comprometerse solemnemente a tener la boca cerrada y la mirada desviada. Por eso la política es un juego en su sentido más propio. El que no acepte que un cartoncito con un as pintado vale más que otro aparentemente igual con un tres y que una ficha roja equivale a diez verdes, no puede sentarse a la mesa. El ritual debe ser respetado estrictamente y hoy es la constitución el epicentro del Estado democrático. Aquí no hay sitio para los incrédulos ni son admitidos los aguafiestas como Lassalle.”

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